La tambaleante fe de Felipe Calderón en la continuidad del modelo vigente recibió, en Washington

La tambaleante fe de Felipe Calderón en la continuidad del modelo vigente recibió, en Washington (G-20), un espaldarazo innegable. Muy a pesar de sus recientes discursos de dudas, anteriores a la reunión y en la reunión misma, el michoacano no tiene, al menos por ahora, y a pesar de su mayúsculo desconcierto, para dónde hacerse. La estructura de poder en que se apoya internamente le exige permanecer en la ruta que tantos beneficios y gozos le ha entregado a sus elites directivas. Pero tal perseverancia forzada no detendrá la integración y el rumbo que ha tomado el movimiento transformador que se viene gestando en el México de los excluidos de esos refinados privilegios que se asignan los que por ahora mandan desde las alturas. Al contrario, la presente crisis, que lo es de todo el sistema de convivencia organizada, le dará mayor empuje y certezas sobre el camino de protesta contra las injusticias y por el cambio elegido.Tanto el PAN como el PRI irán a las elecciones de 2009 con el fardo de una economía recesiva a sus espaldas. Ninguno de los dos partidos, que cada vez se fusionan más en sus compromisos cupulares, podrá alegar inocencia del desaguisado que provocaron en sus andanzas. Han sido ellos los que, durante estos dos años de desgobierno, han sacado ventajas y fortalecido sus cómplices alianzas. Son ellos los que han tirado por igual en las llamadas reformas estructurales. Eufemismo que destaca, en el fondo, las feroces expoliaciones que han sufrido las vapuleadas clases medias y los estratos marginales de la sociedad.La seguridad social ha sido el campo de la disputa y los apañes actuales del PRIAN. En esas reformas se concentra la gran tajada de recursos disponibles para el presente y futuro saqueo. Es a través de las llamadas cuentas individuales, manejadas por aseguradoras y bancos internacionales con sus socios (menores) locales, donde se han atrincherado los grupos de presión que imponen la continuidad. Similar papel desempeñaron tanto el PRI como el PAN en la manoseada reforma petrolera. Y son ellos los que esperan, con ansias inocultables, las remuneraciones que el contratismo rampante en el campo energético les promete.