Por la débil situación estructural de la economía, en esta recesión el gobierno tiene que escoger entre proteger al sector de la producción real

Por la débil situación estructural de la economía, en esta recesión el gobierno tiene que escoger entre proteger al sector de la producción real o proteger al sector financiero. La caída de la economía de -9.5% anualmente en enero indica la urgencia de atender al sector real. A su vez, la devaluación del peso, que casi llegó a 16 por dólar, indica la urgencia de atender los flujos financieros. Es claro que el gobierno no puede atender los dos al mismo tiempo. Por ejemplo, no puede aumentar el gasto (como lo hacen Estados Unidos y muchos países), aumentando con ello el déficit fiscal y el déficit en la cuenta corriente externa, y al mismo tiempo esperar que el peso no se debilite más. Lo que el gobierno trata de evitar es un juicio negativo de las agencias calificadoras de riesgo (las cuales por cierto están desprestigiadas), que temen un cambio de política que se refleje en las cuentas fiscales. De ahí que haya escogido proteger al sector financiero y que para ello tenga que intervenir en los mercados. Por ejemplo, indujo que las afores no compren valores extranjeros; ha intervenido con más de 20 mil millones de dólares para fortalecer el peso; y ahora se prepara para rescatar a Cemex, aun con dólares prestados, pues considera que su incumplimiento con acreedores dañaría el crédito internacional del país. Pero a la vez se desentiende del alto desempleo interno. En la práctica no hay ninguna política económica contracíclica para suavizar el efecto del desplome de las exportaciones. Por el contrario, sigue aplicando el IETU a empresas que ya están golpeadas por pérdidas y se niega a bajar el precio del diesel. Los recursos que dice tener proyectados para gasto en infraestructura, de 597 mil millones de pesos, no los está gastando más que en una parte mínima. Y hasta decidir sobre la nueva refinería lo pospone.